Inés Ibáñez, Farmacéutica

MI HIJO NO PUEDE DORMIR, ¿QUÉ PUEDO HACER?

El insomnio infantil es algo que ocurre mucho mas de lo que nos pensamos, afecta a un 25-30% de la población pediátrica entre los 6 meses y los 5 años de edad y en la gran mayoría de los casos la causa no es una enfermedad sino que se debe a un comportamiento inadecuado de los padres a la hora de acostar el niño que puede estar relacionado con las formas, tiempos y actitudes.

El Insomnio infantil puede considerarse si durante más de tres noches a la semana experimenta estos trastornos:

  • Tarda en dormirse (más de 30-45 minutos)
  • Se despierta por la noche y le cuesta volver a dormirse y reclama la presencia de los padres
  • Se despierta demasiado temprano por la mañana

La conducta del sueño en los niños

Comprender como funciona el sueño en las diferentes etapas de los niños nos podrá ayudar a evitar que aparezcan una serie de trastornos relacionados con él.

A los dos meses

El recién nacido duerme mucho, pero no puede hacerlo de forma seguida. Cada 3-4 horas se despierta. Necesita comer, que le cambien y que hablen con él.

Después de comer inicia lo que llamamos “sueño activo”: mueve los globos oculares, hace muecas, respira irregularmente, emite algún quejido y realiza pequeños movimientos con las extremidades. Aunque parezca que el niño está inquieto, este tipo de sueño es totalmente normal y no se debe interrumpir bajo ningún concepto.

Si los padres o las personas que están a cargo del niño no conocen esta situación, es muy probable que lo toquen, lo cojan o lo acunen, con lo cual rompen su sueño normal y dificultan su maduración. Después de unos 30-40 minutos en esta situación, el bebé entra en el sueño más profundo, que denominamos “sueño tranquilo”. Está totalmente relajado, y respira suave y profundamente.

Entre 2-5 meses

Un sueño de calidad durante el día mejorará el sueño nocturno.

Antes de cada período de sueño conviene tranquilizar al niño.

Los movimientos durante unos minutos, el contacto cara a cara y las palabras suaves deben servir para tranquilizarlo (o reducir su nivel de activación), pero no para dormirlo.

Entre 5-12 meses

Durante los primeros 8 meses puede ser habitual y normal que el bebé se despierte por la noche

Desde los 5 meses de edad, capta todas las sensaciones que le transmiten los adultos. Si los padres son tranquilos y le hablan dulcemente, el bebé captará esa sensación y responderá de la misma manera. Por el contrario, si dudan, están inquietos o cambian continuamente de rutinas, el bebé se volverá inseguro y mostrará inquietud. 

A partir de los 12 meses

El niño puede empezar a comprender que se le está enseñando a dormir de manera autónoma

Entre los 2 y los 4 años 

Duermen por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.

De los 5 a los 10 años

El sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, el número de horas de sueño suele ser 2,5 veces superior al adulto y la proporción de sueño REM es similar a la del adulto.

Pasados los 7 años no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno.

A partir de la adolescencia

El número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.

Terapia conductual

En un 80% de los niños con terapia conductual se producen importantes cambios en los problemas del sueño tanto en los relacionados con la conciliación del sueño como los despertares nocturnos.

La mayoría de intervenciones conductuales incorporan principios de extinción, que consiste en dejar a los niños en la cama e ignorarlos hasta la mañana siguiente. Sin embargo, debido a la dificultad que encuentran muchos padres para llevar a cabo esta intervención, surgió la extinción gradual, que permite entrar en la habitación a intervalos periódicos cada vez más largos.

Si quieres saber como llevar a cabo la extinción gradual entra en: el Instituto del Sueño y te dan los pasos detalladamente.

Crea un ritual positivo

  1. Establece ritmos regulares, horarios más o menos regulares para acostarse y para levantarse
  2. Crea rituales: baño, difusor con aceites esenciales relajantes como por ejemplo la mandarina, luces suaves, cuento y hora de dormir
  3. Acostar al niño cuando tenga mucho sueño pero que todavía esté despierto
  4. Salir de la habitación antes de que el niño se duerma para que aprenda a dormir solo
  5. Evitar que se duerma mientras este comiendo o bebiendo, de lo contrario, cuando se despierte necesitará esto para volver a dormirse 
  6. A partir de las 19 horas no es recomendable que juegue con el móvil, tablet, ordenador o vea la tv.

Si a pesar de eso el niño continua teniendo problemas de insomnio también se  puede se recurrir a plantas medicinales como la pasiflora, melisa o manzanilla que actúan como relajantes y ayudarán tanto a la conciliación del sueño como a evitar los despertares nocturnos y la melatonina que regula el ciclo de vigilia-sueño y facilita conciliar el sueño. 

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